hay que cerrar min cultura, min igualdad, rtvc, etc

 

Dos han sido los momentos, en lo que va recorrido en la última centuria, cuando los colombianos y sus gobiernos han tratado de dotar a la nación de centros de estudios donde se pudiesen analizar, críticamente, las condiciones de existencia histórica de la sociedad colombiana.
 

Tres o cuatro noticias recientes servirían a la ligera para indicar que, en un futuro gobierno democrático, en Colombia se debe extirpar para siempre maquinarias de propaganda política como Min Cultura, Min Igualdad, RTVC y todos los llamados espectáculos de ideologización que dependan directamente de los municipios o los departamentos y carezcan del consenso de sus organismos deliberativos. Si un partido o presidente o candidato necesita difundir o debatir sus proyectos o ideas, que compre servicios de información y los pague de su peculio.

 

 

No se equivocó Gabriel García Márquez, cuando en un reportaje para El Tiempo en julio de 1994, luego de oponerse a la creación y entrega a las élites culturales de entonces, predijo el destino a que ha llegado Min Cultura en las manos del traidor Santos, con su obesa ministra Mariana Garcés y el miserable desquiciado de Petro, con la desquiciada habitante de la calle Patricia Ariza, que exterminó el legado de Santiago García, o ese tipejo Zorro, uno de los mandados de la familia del tirano, o el comerciante de papel impreso, autor de la biografía de Petro, que de pseudo - editor paso a politiquero de indios y negros, y la tapa del Congo-belga, que usado de su mata de pelambre para favorecer con multimillonarios contrato con el estado a su madre y hermanos y quizás hasta sobrinas ávidas de placer.

 

   

 

“La cultura –dijo Gabito-- hay que dejarla a su aire. El Estado debe fomentarla y protegerla, pero no gobernarla, porque termina por ser tarde o temprano un ministerio de policía para la cultura; un órgano altamente político y perturbador para la comunidad más orgullosa de ser independiente, inconforme, dividida e ingobernable”.

 

“Se cree que la cultura son sólo las bellas artes. No; la cultura es eso, pero también la cocina, la moda, la educación, la ciencia, las religiones, el folclore, el medio ambiente, el modo de amar, todo lo que el ser humano agrega o quita para mejorar o perjudicar a la naturaleza. Y un ministerio para todo eso sería un órgano desorbitado e incosteable. Y un ministerio sólo para las bellas artes no vale la pena”.

 


 

“Hay que hacer algo, pero no un ministerio. Un instrumento que no sea un banco de clientelistas, ni un paraíso de burócratas que se roben la plata; una herramienta sin oficinas intermedias, un órgano inmune y bien inventado”.

 

Fernando Rendón y Gabriel Jaime Franco, dos de los multimillonarios propietarios de un negocio titulado Festival de Poesía de Medellín, han puesto el grito en el cielo porque el Consejo Municipal de la Villa ha propuesto reducirles en “cien pesos”, el donativo anual de 650 millones que exigen, bajo chantaje político, se les conceda incluso de manera hereditaria, para seguir perpetrando tejemanejes contra la cultura y contra la democracia. Un estimado, realizado por una institución internacional afín a la Unesco, ha calculado que el estado colombiano ha dispensado a esta famiempresa comunistoide de avivatos, desde 1991, año de su proclamación lírica, unos 80.000 millones de pesos [OCHENTA MIL MILLONES DE PESOS] a valores de hoy. Es decir, $1.656.000.000,  mil seiscientos cincuenta y seis millones de rublos.

 

En otro acto demencial Petro ha gastado 15.000 millones de pesos del erario para verse actuando en una película perrata sobre Padilla, un pardo que participó en la conjura septembrina para asesinar al Libertador. Siguiendo los pasos del tirano Chaves, que hace 20 años gastó 17 millones de dólares en otro filme, que nunca nadie vio, sobre otro pardo: Toussaint Louverture.

 

 

La película  está financiada por RTVC, cuyo director, un socio de Petro e Iván Cepeda, ha sido acusado de vínculos con las FARC, no tiene visa USA, está acusado de censura estalinista a periodistas, de acoso laboral y una de sus ex lo ha denunciado por violencia familiar y violencia económica, y unas periodistas conocidas dicen que es acosador sexual y le gusta tocarles las partes a las señoras, sin contar con que RTVC es el agripó de Cepeda y el mamerterrorismo.

 

Con facturas en mano –que suman $4’225.056 para bebidas alcohólicas, jamones, salchichas y hasta pulpo a la parrilla–, este lunes el representante electo Daniel Briceño denunció otra irregularidad en el Sistema de Medios Públicos RTVC: el supuesto pago, con dineros públicos, de suntuosas cenas y consumo de licor como whisky, aguardiente y vino. Una de las facturas evidencia la compra de lo que serían 12 tragos de aguardiente, seis de wiski y tres botellas de vino, sumado a una propina por $161.667. En total, la factura –emitida a nombre de RTVC– asciende a $1’907.667. Según Hollman Morris, gerente de RTVC, ese dinero se gastó en atender a una delegación de la tiranía de Venezuela, encabezada por el hoy Freddy Ñañez, uno de los tantos poetastros que han servido a Maduro y Cía., para perseguir, implacablemente, a todos aquellos que se opusieran al régimen. Ñañez, que posa también de cantante, es actualmente Ministro de Ecosocialismo, uno de los instrumentos ideologizantes de la tiranía, pero ha sido Ministro de Comunicaciones, Presidente del Canal de Televisión Estatal y por tanto censor de todos los medios internacionales y Ministro de Cultura. Morris, sin duda, homenajeaba a su modelo y maestro.

 

El recién electo parlamentario Briceño califica a Morris y sus equipos de ser “una banda criminal, perseguidora de opositores, acosadora de mujeres, extorsionadora de contratistas y funcionarios que atacan sin piedad el ejercicio de la libre expresión, afectan la honra y el buen nombre”.

 

 

Como se sabe, Goebbels, durante la Alemania nazi, [1933 y 1945], monopolizó los medios culturales a través del ministerio de propaganda, incentivando el uso de los carteles, el cine, la radio y los espectáculos para hacer creer a la población que Hitler decía la verdad sobre los acontecimientos. El cine y la música sirvieron a los nazis en la construcción de la “Volksgemeinschaft”, o comunidad del pueblo. “Triumph des Willens” [1935] y “Olympia” [1938] de Leni Riefenstahl glorificaron la estética del partido hitleriano y la exaltación del cuerpo “ario” y sus disciplinas cotidianas.

 

Durante el Estalinismo, [1929 y 1953], se idolatró el culto a la persona de Stalin usando de purgas, teatrales juicios públicos, y un borrón y cuenta nueva con el pasado inmediato. Las “confesiones” y los procesos fueron la puesta en escena de lo que vendría después en China, Cuba, o Venezuela.

 

La apoteosis de todo este sistema se ejecutó durante la Revolución Cultural [1966-1976] de Mao y Lin Biao, mediante actos públicos de humillación, reeducación y purgas organizadas por bandas fanatizadas de jóvenes contra los hombres y mujeres cultas y académicas. Otro tanto en Corea del Norte con la doctrina Juche y la estratificación social, como en una resucitada Edad Media.

 

George Orwell en 1984 señala como mediante el control del lenguaje y la gestión de archivos y memorias es posible reprogramar la realidad, usando del Newspeak (manipulación del lenguaje), doublethink (capacidad de sostener dos verdades contradictorias) y el Ministry of Truth (fábrica de hechos), representaciones casi didáctica de la ingeniería ideológica. Tarea que eficazmente ha realizado el Wokismo y los periodistas gratuitos de los diarios y emisoras capitalinas.

 

Arthur Koestler en  El cero y el infinito plasma los mecanismos internos de la coacción política: los interrogatorios, confesiones forzadas y el autoengaño del militante que terminan avalando su propia eliminación. Koestler explica la dinámica psicológica de la culpa fabricada y la conversión ideológica bajo presión. La Confesión, el filme de Costa-Gavras de 1970, escenifica la tragedia vivida por Artur London, un alto funcionario checo acusado de espionaje. Roto por la tortura: le impiden dormir, comer y se le obliga a caminar constantemente durante su interrogatorio — termina ante el tribunal recitando un texto que sus carceleros le han hecho aprender de memoria.

 

     

 

Y Hannah Arendt, en The Origins of Totalitarianism, --que ha conocido recientes rediciones--, contrasta la ideología totalitaria con la destrucción de la esfera pública, la atomización social y el uso sistemático del terror y la propaganda para transformar la política en mera técnica de dominación y cómo las técnicas de “lavado” funcionan a gran escala. Medidas similares a las de Petro en estos años de horror, cuando ha intentado destruir la construcción de un metro para Bogotá, ha puesto de rodillas el sistema de salud, quiere robarse el dinero de las pensiones de los jubilados, o ha entregado el país a los herederos de los más depravados criminales que ha conocido Colombia, las FARC, y, ahora mismo, pretende elegir a un monstruo solapado, suerte de Fouché cruzado de Calígula llamado Iván, como su  sucesor. 

 

Erosión de la autonomía crítica, normalización del miedo, fragmentación del espacio público y transmisión intergeneracional de la ideología por la escolarización y los rituales, es lo que esperan lograr Petro y Cepeda al ir convirtiendo todo en organismos de propaganda de sus odios, prejuicios, vicios y perversiones.

 

Joseph Goebbels decía que "Cada vez que oigo la palabra cultura amartillo la pistola"; creo que lo que Petro dice es: "En cuanto oigo la palabra cultura extiendo un cheque en blanco al portador". En nuestro caso, del dicho al hecho, ya no hay mucho trecho.

 

Hay que cerrar, para siempre, Min Cultura, Min Igualdad, RTVC, Etc.

 

Harold Alvarado Tenorio, Marzo de 2026

 

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